El polvo es el enemigo silencioso de una bodega. Se levanta con el movimiento de las grúas y los camiones, queda en suspensión y se deposita sobre la mercadería, los racks y las luminarias. Además de ensuciar los productos y dañar embalajes, el polvo acumulado afecta la calidad del aire que respira el personal, puede interferir con sensores y equipos, y en ciertos rubros (alimentos, farma, electrónica) es directamente un incumplimiento.
Un aseo periódico con barrido, aspiración industrial y limpieza de altura controla el polvo en su origen —el piso— y en donde se deposita —racks y estructuras—, manteniendo la instalación en condiciones. Por eso el aseo de bodegas no es solo limpiar el suelo: es un manejo integral del polvo y los residuos de toda la nave.